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Varda ha muerto, ¡larga vida a Agnès!
Por Karina Korn

Elegir la película que dará inicio al festival nunca es sencillo. Entre todo el material audiovisual disponible se debe seleccionar una obra trascendente que refleje la postura curatorial que involucra a la totalidad de la programación. Este año decidimos que la mejor forma de inaugurar el FIDBA es homenajeando a una artista que desbordó los límites entre la ficción y el documental, que retrató las problemáticas sociales de su época desde una perspectiva personal y que entendió que cualquier tema filmado con empatía es cautivante.

A principios de este año Agnés Vardá presentó Varda por Agnès en el festival de Berlín. Su último film es una reflexión en primera persona sobre los trabajos que la directora franco-belga realizó durante más de seis décadas. Si bien Varda ya forma parte del panteón de las artistas consagradas, su discurso es generoso y humilde. En el documental la escuchamos dialogar con el público de diferentes eventos —y con quienes la miramos a través de la pantalla— sobre su incursión en la fotografía fija, el cine y las video instalaciones. El recorrido que la película propone no es cronológico ni lineal, al igual que la memoria se teje a partir de recuerdos que evocan otros recuerdos. Son fragmentos de filmografía intercalados con conversaciones, imágenes de playas y espejos con otras de manifestantes en la calle. En ese relato autobiográfico y autocrítico la autora nos comparte su forma de entender las películas, el arte y, en un sentido más amplio, lo humano.

Varda por Agnès tiene sabor agridulce. La muerte está presente en todo el film: desde el miedo que esta produce en Cléo de 5 a 7 hasta la video-instalación dedicada al fallecido gato de la directora. A esto se le suma el hecho de que al poco tiempo de estrenar mundialmente la película Varda falleció a los 90 años. Pese a que el film fue concebido en algún punto como un testamento audiovisual, este carece de la sobriedad que se le suele asociar a los finales. Varda no mira atrás con melancolía ni lamento sino todo lo contrario. Como dice uno de los niños que visita el cementerio del felino, las tumbas, aunque generalmente son tristes, también pueden ser lugares felices y llenos de colores. Varda por Agnès también es eso, el retrato de una vida que está próxima a concluir pero que emana vitalidad hasta el último segundo.

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